“Un tiro para el lado de la justicia”, dijo Ricardo Mollo a la multitud que colmó Vélez Sarsfield hasta llegar a un pequeño escenario justo en el centro del campo, de cara a los más relegados y con la popular del fondo como límite. Y con la guitarra se plantó para comenzar a tocar “Spaghetti del rock”, solito pero acompañado por el alucinado coro popular: el lado luminoso de la luna, un bálsamo mientras Diego Arnedo y Catriel Ciavarella descansaban fuera de los focos tras de una hora de aplanadora total.
“Tuvimos a La Renga en Capital, loco”, celebró la repentina e inesperada vuelta a la Ciudad de Buenos Aires de la banda oriunda de Mataderos, que realizó una versión de “El final es en donde partí” con los instrumentos prestados por el trío.